Una cita en Marte

El laberinto se extiende largo y estrecho frente a sí. Podría rodearlo y ahorrarse la posibilidad de perderse pero entonces, no tendría tanta gracia. Y además, por supuesto, perdería la oportunidad casi única que este espacio de la geografía de Marte le ofrece. Noctis Labyrinthus, ese es su nombre oficial, con un diámetro de casi 1.200 kilómetros. A su lado, obediente, Manik espera. Al principio pensó que a estos robots los llamaban perros de forma despreciativa, pero su conducta es tan canina que no deja lugar a dudas. Manik es fiel. El Teniente de la misión activa los diferentes elementos que tiene su casco para orientarse y empieza a descender por la ladera, resbalando a veces pero sin  c6dd4ebce43e2c8de52fd6624550578dcaerse, usando las manos para mantener el equilibrio mientras, cerca, Manik baja con total tranquilidad, como si hubiera hecho aquello miles de veces. Finalmente la pendiente se vuelve llano. Las rocas rojas se elevan ahora unos metros por encima del Teniente y se abren ante sí caminos con relativa luminosidad, por donde los rayos del Sol serpentean. El orientador del casco no le indica por dónde ir, simplemente va trazando un plano que se le muestra en tres dimensiones. Manik empieza a rastrear, como un perro de verdad, pero almacenando absolutamente todos los datos que reciben sus neuronas agrupadas en chips. Humedad, color, textura, componentes químicos, olor y una infinidad más. El humano se decanta por el camino de la izquierda y el androide le sigue sin rechistar. Durante unos cuantos metros y algunos minutos, el traje de astronauta blanco se desplaza por aquellos cañones formados por la existencia de agua hace millones de años. Manik le va informando, al igual que el casco, de si ya ha pasado por allí o si todo es nuevo. Así es difícil perderse, piensa el Teniente, mientras observa las paredes rojizas, al tiempo que en pantalla van apareciendo datos. La Comandante le ha dado permiso para bajar, poniendo como condición que fuera acompañado del perro, a pesar de sus reticencias iniciales. Hasta ahora el laberinto solo ha sido explorado por robots. Las misiones individuales están limitadas a ejercicios muy concretos y aquél no está en el programa. Pero el Teniente tiene un don para convencer a los demás y salirse con la suya.

Después de mucho deambular, cuando cree que debe de estar ya a un tercio del recorrido, Manik empieza a ponerse nervioso. No ladra ni mueve la cola, porque no tiene, pero se le activan algunas luces de su capota redonda y emite sonidos eléctricos. El Teniente pone la mano encima del perro y a través de su guante táctil capta lo que ocurre: movimiento. No debería de haber nadie allí. El hombre intenta ponerse en contacto con el campamento base pero descubre, pues no se había fijado abstraído en el paisaje y en sus pensamientos, que no hay cobertura. Las paredes ahora son más altas y el paso más estrecho, de apenas unos dos metros. Los sensores del casco no advierten nada, solo muestran el dibujo tridimensional de lo que ha recorrido y de lo que tiene más cercano. Sigue avanzando hasta un pequeño claro en la que se le muestran cinco caminos posibles. Manik corre por el lugar y se sitúa en la segunda entrada por la izquierda, cada vez más tenso, si es que un robot puede tensarse. El Teniente saca de su mochila un comunicador aéreo, llamados aves, y graba en él un mensaje. Explica donde se encuentra, que no tiene cobertura y lo que ha detectado el perro. Luego lo activa, lo lanza al aire y el ave, con su forma de ovni, se eleva hasta donde encuentre señal, pero el Teniente se sorprende al ver que no solo se eleva más de lo previsto sino que, después, sale de su campo visual volando en dirección nordeste, hacia el campamento. Esa conducta es inusual. Lo lógico, se dice a sí mismo mirando el cielo, sería que una vez arriba, enviara el mensaje y volviera. No tiene tiempo de pensar más. Movido por una curiosidad insaciable, Manik emite un pitido agudo y se cuela por el paso que señalaba.

El estrecho por el que avanzan tiene cumars-1rvas cerradas, hay salientes de roca que obligan al Teniente a agacharse y piedras de tamaño suficiente como para obligarle a subirse a ellas para poder continuar. El perro, impaciente, le va esperando después de cada obstáculo, para asegurarse que le sigue. El Teniente va poniéndose nervioso a cada recodo, a cada giro que lleva a más y más metros entre rocas rojas. Según sus cálculos, valiéndose del mapa virtual, están rodeando el centro del laberinto. Pero no concuerda lo que sale en pantalla con lo que va encontrando delante, el localizador le informa que está yendo por una ruta no detectada. Eso no es posible, piensa el hombre, este sitio ha sido fotografiado por dentro y por fuera, cartografiado al mínimo detalle. Evidentemente, sin embargo, es posible, pues allí está él. Finalmente, Manik se queda parado frente a una pared. Están en un callejón sin salida. El Teniente pone el guante táctil sobre el robot y este le indica que detrás hay algo. Pone el guante sobre el muro y este emite señales difusas, interferencias. Intenta de nuevo comunicarse con la base, sin éxito. Mira hacia arriba esperando el regreso del ave pero solo ve las paredes, de más de cinco o seis metros aquí, cerrándose hasta dejar el espacio justo para que entre la luz del día, tímida, cohibida, temerosa.

Y de repente él también lo siente. Más allá hay algo. Da un paso atrás, empieza a sudar.Se moja los labios con la lengua, sabe a aspereza y a miedo. Aún así, se decide y tantea la pared con ambas manos, o ambos guantes, empuja, golpea. Quizá al otro lado esté su cita con la historia, en Marte, solo con un perro electrónico. Los nervios pueden con él y finalmente embiste la pared y entonces sí, se oye un ruido de roca desplazándose y la pared se hace a un lado, lentamente. Mira a Manik y el robot, sin aviso, se apaga completamente. Mira al frente hacia la extraña oscuridad de tonos rojos que se le muestra, interferencias en las señales del casco. Se dispone a entrar. Manik sigue quieto e inerte. Da otro paso.

<<Su sesión de realidad simulada ha finalizado. Introduzca más créditos para reanudar la sesión. Gracias por su visita>>.

 

Este relato fue creado para y publicado inicialmente en dekrakensysirenas.com

Anuncios

One thought on “Una cita en Marte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s