Cesuras: psiquiátrico cerrado – Habitación 4

[Viene de la Habitación 13]

“No necesita salir quien no está dentro.” (Habitación 16, @tearsinrain_)

El corazón me late tan rápido que parece un solo latido. El más grande de los celadores me ha llamado Valedor. No sé qué significa. Y el viejo ha dicho que me ve en sus revelaciones. Tampoco sé qué significa, es como si todo el mundo lo supiera todo menos yo. Sin embargo, algo pasa por mi cabeza de repente, como una luz, como un recuerdo que iba tan rápido que no daba tiempo a recuperarlo. Al lado de la puerta hay una mujer tan vieja que todas sus arrugas forman un mapa de un universo imposible.

– ¿Ya sabes a qué estás soñando? –pregunta con voz apagada, antes de desaparecer, huele a ceniza de papel escrito a mano.

No es la primera vez que veo caras que me preguntan algo y se esfuman, eso sí lo recuerdo o lo percibo o lo considero. Pero no consigo asociarlas. Quizá todo no sea más que una alucinación, quizá la mujer de la habitación 13 no ha gritado en el momento oportuno, el hombre de la 11 no me ha liberado de mis ataduras y la chica del 4 no ha abierto la puerta para que yo me esconda. No sé si me da más miedo pensar que es una casualidad o que no lo es.

La chica de la habitación me mira, es menuda, su pelo castaño enmarañado cae casi hasta su cintura. Ella no está atada. No debe de ser peligrosa, pero yo sí debo serlo. ¿Por qué? Sin apartar la vista de mí balbucea alguna cosa. No la oigo y me acerco, huele a zapato de ante casi nuevo. La chica desvía sus ojos negros hasta el pilar del centro de su habitación, con unas luces que parpadean. El mío no lo hacía, ¿o sí? La chica es bonita, es como una niña salvaje contenida en un cuerpo de cristal, se la ve delgada y delicada. Cuando estoy a pocos centímetros puedo entender su balbuceo.

 


 

paciente-4

Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos, burdeos, aguamarina, magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos…

Llevo exactamente 45 horas y 21 minutos aquí. 22. No quiero pensar en ello. Miro fijamente las luces de ese pilar, estoy tan cerca que podría tocarlas. Me basta concentrarme en ellas para sentirme tranquila. Creo que no he mirado a otro lugar desde que llegué.

Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos…

Los colores se agolpan en mi mente, así estoy a salvo, nadie me ve. Mientras esos colores inunden mi mente, nadie me ve.

Juraría que el día que pasó todo apareció un ocre perlado, brillante, casi dorado diría yo. Juraría. Sí, sí, pondría mi mano en el fuego por ese dorado.

Hace 28 horas y 56 segundos los vi por vez primera. Blancos. Blancos. Blancos. Intento buscar el matiz en mi mente, no soy capaz. Siempre me costó demasiado el blanco. Blanco roto, blanco perla, blanco sucio. Dicen que los esquimales son capaces de distinguir más de 30 tonos de blanco. Yo sólo reconozco uno. Blanco miedo. Ellos también lo son, blanco miedo. Me hablan de recaídas, brotes, autolesiones, me hablan de…blanco, blanco, blanco, blanco, blanco, blanco…sácalo de tu mente, jodida loca, saca ese blanco de tu enferma mente.

Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos, burdeos, aguamarina, magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos…

Le llaman Valedor. Valedor, nombre extraño. Creo que es de color naranja. Él no es blanco, de eso estoy segura. Sorprendentemente no me aterra, evito su mirada, claro.

Me gustaría aprender a no evitarla, hubo una época en que creía que sería capaz. Sí, fue él, tan amarillo que dolía mirarlo, con él creí ser capaz de aprender a sostener miradas. Ilusa, el primer segundo lo conseguí, después…su pupila amarilla. Y los círculos concéntricos ampliándose a sus pestañas, y todo su rostro despidiendo amarillo. Incapaz. Aparté la mirada, me quemaba, me ardían las cuencas oculares, si hubiese permanecido un sólo segundo más allí ese amarillo me habría incinerado. Habría quedado reducida a un montoncito de cenizas teñidas de amarillo. Aparté mi mirada y me fui. Eso sí se me da bien.

Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos, burdeos, aguamarina, magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos…

Las luces de ese maldito pilar me mantienen serena, están ahí, con eso me basta. Cada 3 minutos el blanco aparece en mi mente, es un punto casi invisible pero crecería a una velocidad desorbitada si no fuese por las luces de ese pilar que disipan al blanco.

Gracias a ellas no tengo miedo. Si no tengo miedo todo está bien.

Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos, burdeos, aguamarina, magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos…

No estoy mal aquí, esas luces me salvan del miedo. La última vez, el blanco me punzaba tanto que, la cuchilla rasgando mi piel no conseguía sacarme ni una gota de rojo opaco y espeso. Brotaba la sangre pero era asquerosamente blanca. Otro corte. Blanco. El tercero. Blanco. Blanco. Uno más. Blanco.

Blanco.

Creo que jamás me he sentido más aterrada que aquella madrugada. Luego ya, mil y un colores agolpando mi mente, la voz de mi madre. Tan verde esmeralda como siempre. Algún que otro golpe de color pistacho. Y la calma. La paz.

Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos, burdeos, aguamarina, magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos…

Un ruido me sobresalta, levanto la mirada. Esta jodida habitación, es blanca. Blanca. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Blanco. Blanco. Todo es blanco. Intento concentrarme en el parpadeo de mis aliadas. Recito en voz alta la absurda combinación de colores. Grito, casi aúllo. Suplico, imploro.

Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos, burdeos, aguamarina, blanco.
BLANCO. Magenta, magenta, turquesa, burdeos, burdeos, burdeos, aguamarina…

BLANCO.

[@NaEnEspiral]


 

Es el orden de los colores del pilar, en el quepaciente-16 se encienden. Y el blanco. El blanco es la clave. Lo sé, la chica lo sabe, pero no sé para qué sirve. Es como tener una lista de la compra con productos de los que nunca has oído hablar… Lista de la compra. Ahí, dentro de la habitación número 4 de repente algo pasa por mi cabeza, como un flash, como una picada de abeja en algún recoveco del cerebro. Me duele. Un pitido. Ha aparecido frente a mí una imagen doble: yo hablando con otro paciente en un comedor, y luego yo llamando por el nombre a una chica que no debería estar aquí. ¿Lo he soñado? ¿Es un recuerdo? No acabo de entenderlo, es como una intrusa, no sé si quiero o no quiero esa imagen. Alguien respira cerca de mí, su aliento huele a lluvia de otoño. Me giro, un hombre alto y extremadamente delgado me increpa: “¿qué haces aún aquí, idiota?”.

[Pasa a la Habitación 19]

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