Tres tristes tigres (Ágata)

Ágata lloraba silenciosamente. Sin comedia. Cogió una servilleta y se sonó la nariz. El maquillaje de la sombra de ojos se iba deformando lentamente, lejos de las películas románticas en las cuales la chica seguía maquillada a pesar de todo y en las cuales el hombre se mantiene duro, firme, implacable. Dedé se sentía débil.

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